
Daniel Ortega declara que Nicaragua no volverá a celebrar votaciones; EE UU y Rubio reaccionan con fuertes críticas.
Por Elena Vidal · Actualidad y política · Redacción Chatcámara
El presidente Daniel Ortega confirmó que Nicaragua no celebrará más elecciones, una decisión que incluye la anulación de los comicios previstos para 2027. En una rueda de prensa, el mandatario explicó que el país ha optado por un modelo sin sufragio, argumentando que la democracia no se basa exclusivamente en procesos electorales. La medida, sin precedentes en la historia reciente del país, ha generado una ola de reacciones tanto dentro como fuera de sus fronteras.
Estados Unidos respondió de inmediato, con el secretario de Estado advirtiendo que Washington no permanecerá "de brazos cruzados" ante la decisión de Ortega. El comunicado subrayó que la falta de elecciones vulnera principios básicos de gobernanza y derechos humanos, y que la comunidad internacional observará de cerca los próximos pasos del gobierno nicaragüense. En paralelo, el senador Marco Rubio condenó el anuncio, calificándolo de retroceso irreversible y afirmó que EE UU mantendrá una postura firme para defender la democracia en la región.
El anuncio de Ortega también ha encendido el debate interno. Grupos opositores y organizaciones de la sociedad civil denunciaron la medida como un intento de consolidar el poder y eliminar cualquier espacio de participación ciudadana. Sin embargo, el presidente reiteró que la decisión busca garantizar la estabilidad del país y evitar conflictos electorales, señalando que la ruta elegida es la más adecuada para Nicaragua en estos momentos.
Mientras tanto, la comunidad internacional evalúa sus opciones. Algunos países latinoamericanos han llamado al diálogo y a la búsqueda de soluciones pacíficas, mientras que otros han expresado su preocupación por la erosión de las instituciones democráticas. La postura de EE UU y la condena de Rubio marcan un claro señalamiento de que la política nicaragüense seguirá bajo escrutinio, y que cualquier intento de aislar al país de los estándares internacionales podría desencadenar medidas de presión adicionales. La situación plantea interrogantes sobre el futuro del sistema político nicaragüense y la respuesta de la población ante la ausencia de mecanismos electorales tradicionales.

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