El gobierno boliviano abandona el tipo de cambio fijo tras 15 años para adoptar un esquema de flotación. El exmandatario Mesa critica la medida y advierte sobre sus efectos.
El Gobierno de Bolivia anunció este martes la adopción de un esquema de flotación cambiaria, tras quince años bajo un régimen de tipo de cambio fijo. La decisión, confirmada por fuentes oficiales, marca un giro radical en la política monetaria del país, que durante todo este tiempo mantuvo el dólar estadounidense anclado a 6,96 bolivianos, un valor que rigió desde 2009. La medida busca, según el Ejecutivo, adaptarse a las nuevas realidades económicas y corregir desequilibrios en las reservas internacionales, que han venido presionando al alza en los últimos trimestres.
La decisión ha generado reacciones inmediatas. El exmandatario Carlos Mesa, quien gobernó entre 2003 y 2005, criticó duramente el cambio de régimen. En declaraciones a la prensa, Mesa aseguró que la flotación cambiaria “no es la solución” y advirtió que podría traducirse en un aumento del costo de vida para los ciudadanos. “No es un problema de tipo de cambio, es un problema de fondo: la economía boliviana está estancada”, declaró. Su postura refleja las preocupaciones de sectores académicos y empresariales, que ven en la medida un riesgo de inflación y mayor incertidumbre para los mercados.
Mientras tanto, el Ejecutivo defiende la transición. La ministra de Economía y Finanzas Públicas, María Nela Prada, explicó que el nuevo esquema permitirá “una mayor flexibilidad para absorber choques externos” y mejorar la competitividad de las exportaciones no tradicionales. Prada detalló que el Banco Central de Bolivia (BCB) será el encargado de regular la flotación, evitando fluctuaciones bruscas mediante intervenciones puntuales en el mercado. “No habrá una devaluación descontrolada, sino un ajuste gradual”, aseguró.
El anuncio se produce en un contexto de creciente presión sobre las reservas internacionales, que han caído un 22% en los últimos dos años, según datos del BCB. La medida, sin embargo, llega con retraso respecto a otros países de la región, donde la flotación cambiaria es la norma desde hace décadas. Expertos locales advierten que el éxito del nuevo sistema dependerá de la capacidad del Gobierno para mantener la estabilidad macroeconómica y evitar que la especulación financiera profundice la crisis.
La transición hacia la flotación cambiaria será monitoreada de cerca por el Fondo Monetario Internacional (FMI), con quien Bolivia mantiene un acuerdo de facilidades extendidas. El organismo ya ha expresado su respaldo a la medida, aunque insiste en la necesidad de profundizar reformas estructurales para garantizar la sostenibilidad fiscal a mediano plazo.
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