
Daniel Ortega anula elecciones y profundiza las confiscaciones en Nicaragua. La oposición denuncia una dictadura consolidada mientras la producción de miel se desploma.
Por Elena Vidal · Actualidad y política · Redacción Chatcámara
Daniel Ortega ha consumado en Nicaragua la última tiranía de América Latina. La cancelación de las elecciones, anunciada sin fecha de retorno, consolida un régimen que ya no admite competencia ni rendición de cuentas. El paso siguiente ha sido la reactivación de un mecanismo que el país conoce bien: las confiscaciones.
Del decomiso a la reventa, la nueva “piñata” de incautaciones recorre el país. Empresas, propiedades y tierras pasan a manos del Estado o de allegados al poder. La oposición habla de una segunda vuelta de la piñata de los años noventa, pero esta vez sin transición democrática. Los afectados denuncian que no hay recurso legal posible: los tribunales obedecen al Ejecutivo.
Mientras tanto, la economía real sufre golpes que no dependen de la política. La producción de miel en Nicaragua podría disminuir un 58,1% en 2026, según proyecciones que atribuyen el desplome al impacto de El Niño. Las abejas no entienden de decretos, pero el campo tampoco escapa del control estatal: los apicultores temen que, si el negocio sigue siendo rentable, el régimen también lo incaute.
Ortega ha borrado el calendario electoral. Sin fecha para votar, sin oposición real en las calles, la dictadura se perfecciona. La comunidad internacional mira, pero las sanciones no han logrado torcer el brazo del presidente. En Nicaragua, la tiranía ya no se esconde: confisca, reprime y cancela. Y mientras el mundo debate, el régimen sigue adelante.
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